Desde el otro lado del globo hubo correcciones. “Las Falklands son argentinas”, fue la traducción que tanto medios británicos y usuarios de redes sociales añadieron a los reposteos y artículos sobre el cartel que Giovani Lo Celso y Lisandro Martínez sacudieron al finalizar las “semis” del Mundial 2026 en la que Argentina salió vencedora contra Inglaterra. Aquella enseña de paño blanco y letras negras recorrió el mundo y reavivó debates geopolíticos, revisiones de la historia y discusiones que se alejan del fútbol.

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El ademán de 30 segundos bastó para iniciar protestas en las que se reclamaba un partido “arreglado”, jugadores “irrespetuosos” y que el deporte “había dejado de ser objetivo”, según los comentarios en redes sociales. “La política tiene que separarse del fútbol”, afirmó Peter Kyle, secretario de Comercio del Reino Unido, al medio BBC a raíz de los festejos argentinos post partido contra Inglaterra. Pero Federico Lorenz, licenciado en Historia y ex director del Museo Malvinas, advirtió lo opuesto: “El acontecimiento de la bandera demuestra que no se separan, lo que no quiere decir que sean lo mismo”.

Lorenz, quien es uno de los mayores especialistas sobre la historia de las Islas y de la guerra de 1982, señaló que es necesario darle la relevancia al hecho, pero advirtió que la fuerza que cobra la enseña política en un evento deportivo puede degradarse si el mecanismo es al revés. “Contestar desde la política tradicional, en tono de estadista, que ‘no tendremos la copa si tenemos a las Malvinas’ es bastante ridículo, la verdad. Así se banaliza la política”, explicó haciendo referencia a la afirmación del Gobierno británico posterior al partido.

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El alcance del “banderazo”

Ese “banderazo” no sería tan relevante para Downing Street como sí para el contexto global. “Creo que fue un hecho político de alcance internacional. La sociedad británica, salvo sectores acotados y pequeños, no se interesa por la cuestión de las Malvinas como lo hace la sociedad argentina”, explicó el novelista autor de Fantasmas de Malvinas. Un libro de viajes (2008).

El escenario donde se produjo aquel hecho jugó un papel relevante. “Un gesto público visto por millones de personas y replicado ad infinitum termina siendo un hecho no tanto diplomático, pero sí político de una magnitud muy importante”, detalló el historiador. “Tiene mucha más visibilidad que la palabra oficial de un estado de repente”, agregó.

La otra historia británica

“La autodeterminación reside en los isleños y nuestro compromiso con las Falklands jamás flaqueará”, afirmó el primer ministro británico citando el Referéndum convocado por el gobierno de las Malvinas en 2013 y respaldado por las autoridades británicas. Lorenz advirtió que el discurso británico se corrió de una disputa territorial a la voluntad ciudadana. “A partir de la derrota militar argentina se logró correr el discurso que, como las mismas Naciones Unidas establecen, no cuaja porque es una población implantada a partir de un hecho de fuerza en 1833”, especificó.

“Argentina nunca discutió la condición de los habitantes. Eso lo hacen más bien potencias coloniales”, añadió el también Investigador del Conicet, quien sugiere pensar a las Malvinas recuperadas también desde los isleños, “sin desconocer o relegar los derechos nacionales sobre las islas”, explicó.

La dinámica mediática y la violencia en redes sociales

Entre las miradas británicas, BBC News comentó en su artículo histórico que “la invasión argentina de las islas ocurrió el 2 de abril de 1982”, mientras que las opiniones toman un tono más agobiante: “Deberíamos disparar a todos los argentinos que quieren las Falklands si tanto quieren morir por sus islas”, apuntó un comentario de los múltiples que surgieron de las redes sociales. Pero para Lorenz no se trataría tanto de un esfuerzo inglés por apuntar contra la Argentina, sino que responde a las nuevas dinámicas de la comunicación en los medios digitales.

“Toda la agitación que hay acerca de los argentinos arrogantes u ofensivos tiene mucho que ver con la lógica de comunicación de las redes y la construcción de enemigos a partir del discurso del odio y sobre todo la ignorancia. Con lo cual, no creo que llegue a instalar una imagen de ese tipo”, señaló el historiador. El especialista no cree que estas discusiones cambien la imagen de la historia argentina, pero sí encuentra fundamental pensar la manera en que ahora circula el conocimiento histórico.

El desafío de la historia

“Hubo un desplazamiento acerca de la forma en la cual nos informamos que notablemente está apoyado en las redes. Estamos en un tremendo problema, casi un retroceso a los momentos en que el pensamiento crítico y racional combatía con el pensamiento religioso y fanático”, señaló el investigador.

“En definitiva es un gesto de mala conciencia de los europeos que salieron a hablar de esto. El único interés que puede tener Inglaterra es no quedar excesivamente del lado de los villanos y eso permite entender también por qué el peso se le dio a esta llamémoslo ‘campaña de estigmatización’ contra la Argentina”, explicó Lorenz que evita usar el término “antiargentina”.

El especialista concluyó que el proyecto más grande no es resguardarse en una ferviente defensa nacional sino pensar en la calidad de la información que circula y trabajar sobre ello. “Creo que no hay que caer en la situación extrema de replicar con una cosa tan banal e ignorante una autodefensa en el mismo tono”, completó.